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Biografía de Joaquín Herrera Flores

Joaquín Herrera Flores nace en Triana (Sevilla, España) en el año 1956. Persona apasionada, inquieta e inquietante, gustaba de la música, de tocar el cajón gitano y de recorrer en su moto las carreteras secundarias para poder así sentir el camino y conocer sus gentes.

Doctor en Derecho por la Universidad de Sevilla desde el año 1986, al inicio de su actividad académica se desempeñó como profesor de Filosofía del Derecho en esa misma universidad, pasando posteriormente a la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, donde facilitaría las cátedras de Filosofía del Derecho y Teoría de la Cultura. En esta misma universidad creó y dirigió el Programa de Doctorado en “Derechos Humanos y Desarrollo”, así como varios cursos de “Formación Especializada” en Derechos Humanos, Paz y Cooperación al Desarrollo. Fue, además, presidente de la Fundación Iberoamericana de Derechos Humanos y profesor y colaborador en varios centros universitarios, entre los que podemos citar el Centro de Estudos Sociais de la Universidad de Coimbra; el Instituto de Derechos Humanos de la Universidad de Deusto, Bilbao; el Instituto de la paz y los conflictos de la Universidad de Granada; el Instituto Bartolomé de las Casas de la Universidad Carlos III de Madrid; el Programa de Naciones Unidas para Derechos Indígenas; el Institute of Latin American Studies, University of Liverpool, Reino Unido; el International Centre of Participation, University of Bradford; la Universidad Nacional de Colombia (Bogotá); la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM); la Universidad Nacional de Heredia, (San José de Costa Rica); La Universidad Nacional de La Plata, (Argentina); y varias Universidades Federales de Brasil: Paraná, Santa Catarina, Pernambuco, Brasilia, Bahía, PUC de Porto Alegre (entre otras).

Joaquín Herrera Flores desarrolla a lo largo de su obra una teoría crítica de los derechos humanos, identificando estos derechos como un producto cultural surgido en occidente, donde han jugado un papel ambivalente como justificación ideológica de la expansión colonialista, al mismo tiempo que como discurso enfrentado a la globalización de los distintos tipos de injusticias y opresiones. Así, Herrera Flores plantea la necesidad de “Reinventar los derechos humanos”, desde una reapropiación del concepto en un marco de pensamiento crítico. Su pensamiento crítico permite identificar pseudo-teorías subyacentes y evidenciar supuestos no siempre explícitos en la doctrina hegemónica en derechos humanos que afectan su potencial emancipador en los procesos de lucha por la dignidad humana. Para Herrera los derechos humanos han de entenderse como procesos sociales, económicos, políticos y culturales que logren configurar materialmente el acto de creación de un orden nuevo, sirviendo a la vez como la matriz para constituir nuevas prácticas sociales, nuevas subjetividades antagonistas, revolucionarias y subversivas del orden global injusto.

Sin pretender hacer acá una presentación completa del aporte de Joaquín Herrera Flores, vale la pena destacar que su pensamiento crítico estuvo dirigido no solo a los derechos humanos, sino también a otros ámbitos como la democracia, el pensamiento feminista y la teoría de la cultura, siempre intentando confrontar toda forma de idealización y descontextualización que ocultara las diversas relaciones asimétricas de poder que subyacen al capitalismo, el imperialismo, el patriarcalismo y el colonialismo.

Herrera Flores tenía como libro de cabecera “El zen y el arte del mantenimiento de la motocicleta”, de Robert Pirsig, pero en su proceso de formación intervinieron obras como “El Capital” del Kart Marx y “Elementos fundamentales de la crítica de la economía política”, del mismo autor, además de “Más allá del bien y del mal” de Friederich. Nietzsche, “Estética” de Gyorgy Lukács y la “Crítica al formalismo jurídico” de Antonio Negri.

Herrera dirigió su labor intelectual a favorecer el empoderamiento de las personas y los colectivos, a promover subjetividades rebeldes, sujetos autónomos y solidarios, inconformes ante el cierre de una realidad que se les vende como única e inamovible. Así, es importante hacer notar que el propósito de construir pensamiento crítico en derechos humanos no es una tarea que Herrera se plantee como fruto de ensimismamiento especulativo, sino como resultado del proceso de diálogo permanente que los intelectuales han de sostener con las distintos procesos de lucha social que se desarrollan; pues desde el enfoque de su teoría crítica, la verdad sólo es tal en la medida en que sirve para enfrentar los retos que plantean los distintos contextos de lucha por construir un mundo más justo e igualitario. Para nuestro autor, es en diálogo con las prácticas sociales que intentan transformar la realidad, donde la labor del intelectual haya su razón de ser, poniendo por tanto en permanente relación teoría y práctica.