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Fomentando la exclusión en Inglaterra, ¿O en Europa?

Tras las declaraciones de la Primera ministra británica, Theresa May, y de su ministra de Interior, Amber Rudd en torno a una lista de trabajadores extranjeros en empresas británicas, en el Congreso de los “tories” celebrado el pasado 02/10/2016 en el Centro de Conferencias de Birmingham, se han erigido voces críticas y tolerantes tanto de los ciudadanos europeos del SUR(1), como de los ‘extranjeros’ residentes en Inglaterra. En este sentido, hay quienes se escandalizan de la dureza del discurso de los conservadores y, por ende, expresan el temor de perder sus respectivos trabajos, arraigo y estabilidad en las tierras británicas; otros toleran en parte las palabras de May y Rudd escudándose en la soberanía del territorio inglés; y no faltan quienes argumentan que se trata de una medida común en casi toda Europa.
En este artículo de opinión mi aspiración es ir más allá de la idea de elaboración de una lista de los trabajadores extranjeros por parte de empresas británicas (una de las ideas más chocantes expresadas por Rudd). Trataré de plantear la cuestión desde una visión postcolonial y también desde la política migratoria europea. En otras palabras, abordaré muy brevemente una crítica a la pretendida homogeneidad nacional, lo que a su vez hace que se visibilicen los extraños que no cumplen con determinadas facciones y apellidos mayoritarios, por un lado y, por otro, expondré, también de forma somera, cláusulas de la Ley de extranjería española sobre los procesos de admisión y permanencia en España, basadas en la cuestión laboral.
Intentaré, pues, de exponer en primer lugar la diversidad ya existente en un pretendido Reino Unido homogéneo, en segundo lugar, la rabia surgida tras la exclusión laboral de propios europeos y europeas y, por último, que la exclusión laboral de los extranjeros procedentes de países terceros ya forma parte del régimen migratorio europeo y, en particular del español.
Tratándose de un artículo de opinión no esperen encontrar en este trabajo un planteamiento ni sobre el marco teórico postcolonial ni tampoco sobre el ámbito normativo europeo respecto a las políticas migratorias.
En primer lugar me gustaría empezar planteando la siguiente pregunta, ¿Cómo narices piensan los ingleses establecer un listado de trabajadores extranjeros? ¿En base a los nombres y apellidos extraños y extranjeros? ¿Cómo lo harían? ¿Qué criterios utilizarían?
En este sentido, cuando escuchamos las declaraciones de las dirigentes políticas británicas puede que automáticamente pensemos en los extranjeros (sean europeos o extracomunitarios) residentes en Inglaterra, pero jamás nos paramos a pensar sobre los extraños que ya forman parte de la identidad británica. Creo que estos extraños que no cumplen con los apellidos, nombres, facciones, color de piel… mayoritario y/o cercano para la opinión pública y el sentido común en el contexto inglés, también deben entrar en este debate.
De acuerdo con los datos estadísticos del año 2011, en Inglaterra existe una cierta diversidad en lo que podríamos considerar la identidad inglesa. Según el Informe del Office for National Statistics un 86% de ingleses se consideran blancos, un 7.5% asiáticos, un 3.3% negros, un 2.2% mixtos y un 1% pertenecientes a otros grupos. A pesar de estos escuetos datos sobre la diversidad étnica y racial en Inglaterra, creo que podemos seguir preguntarnos lo siguiente ¿en base a qué criterios se consideraría a un trabajador y/o trabajadora nacional frente al extraño y extranjero en Inglaterra? Es decir, ¿qué apellidos y nombres serán ingleses y cuáles no? ¿El color de la piel del trabajador/de la trabajadora sería uno de los criterios orientadores?
El hecho de haber incluido el debate en torno a la diversidad en la supuesta homogeneidad británica no es baladí, sino que todos y todas somos conscientes que cuando nos referimos a extranjeros la visión de los más férreos defensores de lo NACIONAL va más allá de disponer de una tarjeta o pasaporte que certifique tu pertenencia al ámbito nacional determinado. Es decir, que corremos el riesgo que los propios ingleses negros, magrebíes, asiáticos, hindúes, latinoamericanos, entre otros, puedan sufrir (aún más) discriminación laboral.   
En base a lo que Anderson, Bhabha, entre otros, ya dijeron en sus respectivos trabajos (Comunidades imaginadas, 2000; The location of culture, 1994, respectivamente), lo nacional homogéneo es una falacia excluyente, fruto de la construcción forzada en base a narrativas, asesinatos, silencios y ocultación de lo(s) considerado(s) inadaptados para tener en cuenta en este juego.
En segundo lugar, a pesar de reconocer que muchas Organizaciones, entidades, ONG’s pro Derechos Humanos europeas llevan años denunciando el utilitarismo de las actividades laborales realizadas por los extranjeros y extranjeras en Europa, es evidente que provoca más revuelo cuando afecta al grupo de los/las que son blancos y blancas o presentan características distintas de los migrantes procedentes de países extracomunitarios.
Me explico, es considerado de sentido común defender que la inclusión laboral de los migrantes (aquella precaria que no tiene en cuenta la aptitud y actitud de los migrantes, sino las necesidades del mercado laboral) es la pieza clave para su integración social e incluso cultural, por un lado y, por otro, elemento sine qua non para su contribución económica y fiscal al país en el contexto territorial donde reside. Este discurso considerado de sentido común aquí expuesto se maneja incluso en Organizaciones De y Pro migrantes. Así pues lo que trato de decir es que, cuando la exclusión laboral afecta a individuos que vienen de allí (ese allí no tiene por qué ser desde fuera de las fronteras europeas, sino incluso de sus periferias) y, por consiguiente, resulten ser subordinados, colonizados y subdesarrollados, se justifican. Sin embargo no es lo mismo cuando afecta a individuos y grupos poblacionales que ya formaban parte de lo civilizado y son de aquí, de las murallas “pa dentro”. Ahí es cuando se genera controversia pues se supone que son individuos preparados, formados y civilizados que ya tenían un status social y racial garantizado y que no tenían que rebajarse tanto. En verdad no somos conscientes de que estar o no dentro de las ‘murallas’ es una suerte de “inclusión diferencial” (Mezzadra, Pickles y De Genova, 2014) (2), es decir, inclusión o exclusión a expensas de las circunstancias económicas y financieras.
En tercer y último lugar me gustaría finalizar con lo que considero el núcleo del tema que se encuentra en debate, la exclusión laboral teniendo como base la procedencia, ascendencia, nacionalidad…de las personas. Se trata de una práctica común en Europa, como señalé en párrafos anteriores, es decir, las políticas migratorias europeas controlan gran parte de los accesos y permanencia al territorio europeo en base a las necesidades del mercado laboral.
A título de ejemplo, en España según se establece en la Ley Orgánica 4/2000, de 11 de enero sobre derechos y libertades de los extranjeros en España y su integración social (LOEx) (arts. 38 y 39), se podrá conceder la autorización de trabajo y residencia inicial a un/a extranjero/a sólo si la situación nacional de empleo plasmada en el Catálogo de Puestos de difícil cobertura se lo permite. Además, el Ministerio de Empleo podrá conceder a empresarios, que lo hayan solicitado, autorización (siempre en consonancia con la situación nacional de empleo) para la contratación de trabajadores extranjeros en el marco de la gestión colectiva de contratación en origen. En ambos casos se trata -como ya expuse en otro trabajo- de la complejidad de los “…tipos cerrados” de discriminación […] porque en algunas ocasiones el tratamiento desigual peyorativo se asigna sobre la base de una noción que permitiría este trato desigual pero que encubre otras discriminaciones no permitidas” (Tomé, 2015: 378), como por ejemplo el de la nacionalidad.
El Catálogo de puestos de difícil cobertura, antes mencionado, establecido por la LOEx para el acceso al mercado laboral de los extranjeros residentes en España, aun siendo una acción justificada y legítima, restringe el acceso de individuos y grupos poblacionales pertenecientes a una raza, sexo, religión… determinada a ciertos puestos laborales aunque tuvieran preparación previa para ello, aunque este tipo de exclusión se realice sobre la base de la consideración de la nacionalidad (principio de preferencia nacional) como elemento discriminante justificado. No se trata aquí de hacer un listado de trabajadores extranjeros en Empresas españolas y, por lo tanto, mimetizar la aún propuesta británica (ni falta que hace), sino de algo peor, confinar a personas extranjeras (que son mayoría) a trabajos precarios y utilitaristas para la sociedad y la economía española. 
Este absurdo no es inglés, como algunos y algunas tratan de exponer y defender en artículos y comentarios varios, sino europeo. Ello no significa que esté a favor o pretenda defender la medida prevista por los conservadores ingleses (¡válgame Dios!). He intentado tan sólo que nos demos cuenta que esta práctica pretendida en Inglaterra no es nueva y, por ende, si se trata de denunciar y prohibirla hagámoslo en su integridad, incluida en el marco de las políticas migratorias europeas, entre ellas la española.
¡Salud y libertad!
 
Edileny Tomé da Mata (Investigador del Grupo de Investigación Social y Acción Participativa – Universidad Pablo de Olavide -GISAP-UPO. Miembro del Instituto Joaquín Herrera Flores)
 
(1) Percibiendo el Sur no desde el punto de vista territorial, sino como los países más empobrecidos y castigados por el injusto sistema económico, político, social y cultural, o divergencial europeo.
(2)Los autores en cuestión prefieren hablar de “inclusión diferencial” a fin de resaltar la función de lo considerado excluido en la maquinaria sistémica y, por consiguiente, visibilizar la heterogeneidad en lo que consideramos inclusión.
 
Bibliografía y norma citadas:
Anderson, Benedict. (2000), Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo. México, ed. Efe. Fondo de Cultura Económica.
Bhabba, Homi (1994). The location of culture. London and New York: ed. Routledge
De Genova, A.; Mezzadra, S. and Pickles, J. (eds.) (2014). New Keywords: Migration and borders. Cultural Studies. Ed. Routledge: 1-33
https://www.ons.gov.uk/peoplepopulationandcommunity/culturalidentity/eth... (15/10/2016)
Ley Orgánica 4/2000, de 11 de enero sobre derechos y libertades de los extranjeros en España y su integración social
TOMÉ DA MATA, Edileny (2015) “Limites en la lucha contra la discriminación en España. Aspectos laborales de los migrantes”. Revista Internacional de Pensamiento Político. N. 10: 373-389.  Sevilla

Autor: 

Tomé da Mata, Edileny